No es tan ideal el ideal de belleza

Mientras muchas mujeres hacen verdaderos sacrificios, mediante dietas y muchas horas de gimnasia, para intentar encajar en una talla 36. Talla que el siglo XXI nos ha  impuesto como ideal de belleza, otras sueñan con estar en el siglo XVII y ser la musa de Rubens. 

El ideal de belleza se ha ido trasformando a lo largo de la historia, antes un cuerpo bonito era aquel regordete, voluminoso, que los pintores inmortalizaban en cuadros llenos de cuerpos curvys de color porcelana.

Ahora se enaltece la delgadez extrema, cuyo mayor exponente son las modelos, que famélicas desfilan sus esqueléticos cuerpos por largas pasarelas. 

La globalización ha echo que el ideal de belleza que ahora existe sea más universal que nunca y eso se lo debemos a los medios de comunicaciones y específicamente a la publicidad, que nos vende un estereotipo de mujer: alta, delgada, rubia y de cabellos largos. 

La publicidad hace uso de este estereotipo de moda para mostrar a la mujer como un  objeto frente al hombre. A partir de aquí es fácil entender por qué el papel de la imagen corporal y el ideal de belleza tengan tanta influencia en la presión social y en los trastornos de alimentación (TCA).

Si bien se está haciendo cambios en el nombre de la inclusión, falta mucho recorrido para que se vea reflejada de forma real la diversidad del cuerpo femenino. 

La delgadez aparece como objetivo a alcanzar y está asociada al éxito en diferentes ámbitos. Si eres delgada tienes asegurado el éxito social. 

La construcción de la imagen corporal es un fenómeno social, internalizar este ideal implica hacer propias unas creencias de cómo debe ser una mujer, más allá de la realidad que tenemos  cada una de nosotras. 

Yo soy Argentina, mido 1,57 y tengo una 100 de pecho, a ver cómo encajo yo con el ideal nórdico de 1,72  y 80 de pecho.

Es tan demencial como el echo de no tener en cuesta la complexión ni la herencia. 

El sistema capitalista se pone en marcha y saca partido de todo está situación: dietéticas, empresas deportivas, industrias cosméticas, porno, centros de estética y cirugía, industria de la moda.Todo un sistema económico que constituye un transito discursivo en torno al cuerpo y sus prácticas. 

La realidad se desdibuja a tal  punto de que incluso esas modelos que sí encajan en el ideal de belleza, no encajan en el de la perfección, por eso sus fotos son retocadas con Photoshop. Nosotras también lo podemos hacer ya que casi todo los móvil ya tren incorporada la opción de belleza al sacarnos una foto en la que podemos retocarnos los ojos, alisarnos las arrugas hasta blanquearnos los dientes. 

La insatisfacción corporal esta servida. 

Tenemos el deber tener una mirada crítica ante tal situación, porque no solo afecta a nuestra salud física sino también mental.

No todo el mundo desarrolla un trastorno alimenticio ante este ideal cultural, pero sí aumenta la vulnerabilidad de aquellas que tienen tendencia a sufrirlo. 

Como he dicho antes la insatisfacción es el plato a comer por no tener ese cuerpo ideal sostenido por la emoción de vergüenza hacia nuestro propio cuerpo.  

A nivel psicológico podemos experimentar ansiedad, depresión , sentimiento de fracaso, alimentación alterada, disminución del bienestar. 

Yo que soy psicóloga y feminista, soy consciente de esta construcción, y también lucho cada día por no ser absorbida por este sistema.

Hoy en Grupon ha salido una oferta reafirmaste de rostro con multivitaminas y en la revista que leo en la peluquería me muestra ese vestido rojo que a la modelo le queda de muerte y que estoy pensando usar en la próxima boda. 

Yo que  no me peso desde la pandemia me toca reflexionar esta realidad, a volver a darle una vuelta sobre cuál es el verdadero cuidado, las animo a tener mí misma lucha, a aceptarnos y a amarnos tal cual somos.

Lic. Hebe Casarotto Bullones. 

CV 9673 

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